Manipulan videos, manipulan dibujos,
manipulan fotografías... para ridiculizar, descalificar y criminalizar
Es difícil calcular el número de imágenes (visuales, sonoras o literarias),
que circulan por todas partes, para ridiculizar la jerarquía política, la
autoridad moral y el aliento revolucionario del presidente de Venezuela. No
caeremos aquí en la trampa de reproducir alguna de esas imágenes pero
tampoco caeremos en la trampa de guardar silencio ni escaparemos a la
responsabilidad de dar la batalla semiótica que nos toca en el escenario
mundial de Guerra Simbólica. En última instancia no tendremos miedo de
denunciar... (con miedosos ya están plagadas muchas universidades, casi
todas las sectas y muchas burocracias). ¿Suena esto a bravuconada?, ¿A
belicismo?, ¿Suena, acaso, a “poco científico”?, ¿Suena a poco serio?.
Veamos.
El repertorio de las agresiones simbólicas contra el presidente Hugo Chávez,
obedece a los protocolos ideológicos más ortodoxos de la “Guerra de IV
Generación”. Se trata de perpetrar un crimen que, al ridiculizar u ofender
al presidente de la nación, atenta contra la voluntad democrática de un
pueblo. Y viceversa. Golpe bajo con las intenciones más perversas. Algunos
dirán que es cosa del “sentido del humor”, otros dirán que “ejercen su
libertad de expresión”, algunos más dirán que se trata de una “forma
didáctica” de ejercer la disidencia y la crítica... Hay canallas
“tecnificados” que usan computadoras, cámaras de video, fotografías... los
hay que ponen cámaras escondidas, micrófonos y dispositivos para la
intercepción de correos electrónicos. No faltan los que espían los
ordenadores e incluso los que espían e intervienen los “mail” y los “chats”.
Cualquier cosa les sirve para sembrar focos de violencia simbólica cuyo
objetivo sea “quemar”, ridiculizado, a un mandatario democrático en hoguera
de la manipulación tecnológica y la “plaza pública” del espionaje. Incluso
de lo más privado.
Las imágenes manipuladas son un relato claro de las perversiones que anidan
en las mentes de quienes financian y/o realizan iconografías para la
ofensiva oligarca. Muchos están altamente tecnificados y consiguen piezas
cargadas con volúmenes inexpugnables de violencia psíquica. Usan cualquier
escena, de la vida real, de la intimidad, del espacio público... nada
detiene a los fines aviesos. Basta con que la imagen ofrezca un flanco, un
gesto, una debilidad... una intimidad, para que se lo use como arma
descalificadora, ridiculizante y desmoralizante. Se subordina la tecnología
al goce de la degeneración y emerge de semejante coctel una galería
monstruosa de iconos o animaciones constitutivos de un arsenal de ideas y
gráficas explícitamente terroristas. Muchos se hacen cómplices simplemente
con las risotadas soeces. Hacen reinar la mentira. Así se empieza.
Hasta hoy, para los nada escrupulosos espías financiados por oligarcas, vale
oro -como receta bélica convencional- el golpe moral de someter a ridículo,
exhibir como cadáver o mostrar en “actos impúdicos”... la imagen de un
líder. Si este es un líder transformador y revolucionario... les inspira
mayores odios. Para ellos “todo vale” (menos los argumentos racionales,
claro). Para ellos toda desazón, todo descorazonamiento, todo miedo y toda
duda son terreno codiciado. Su “Alma Mater” es el dinero y su fin último es
desmovilizar al enemigo sin importar qué obscenidad haya que usar. Hay
ejemplos a raudales y se gasta, en ello, millonadas monstruosas. El objetivo
es sembrar el caos, sustituir los valores, obligar a creer en lo falso.
Representar una tragedia, la muerte, lo irreversible... y destruir la moral
y la conciencia del otro. Especialmente si es socialista.
Se trata de mancillar la imagen del líder, se trata de quebrar la dirección,
se trata de quitar las ganas y degenerar los procesos revolucionarios que se
desarrollan en el interior de la lucha de clases. Todo sirve para semejante
inmundicia: Literatura, cine, teatro... televisión... todos sometidos para
que reflejen y ensalcen los intereses más bajos, más retrógrados. Se trata
de sembrar e inculcar, en la conciencia colectiva, el miedo, el
desconcierto, las dudas, la desconfianza y la sorna con tufo de violencia,
sadismo y traición. En concreto: cualquier tipo de inmoralidad.
Su idea es sembrar el mundo con caos y confusión y que eso que parezca un
“paraíso” donde la violencia contra los pueblos sea activa y constante,
déspota, corrupta... domine la falta total de principios, la muerte de la
honradez y la honestidad que serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas
en causa de represión. Mundo donde reina el descaro, la insolencia, el
engaño y la mentira... la sangre todo lo envuelve, las degeneraciones
sexuales se naturalizan con tufos de alcoholismo, drogadicción, miedo
irracional, traición, fascismo y enemistad entre los pueblos, desconfianza
entre las personas y sobre todo el reino del odio cultivado pertinazmente. A
Hugo Chávez se lo agrede inmisericordemente desde cualquier posición. No
importa si son locutores, lectores de noticias, sacerdotes o catedráticos.
Abren la boca preñada con odio para ridiculizar, por ejemplo, con tonitos
sarcásticos... para manipular fotografías, videos o audio... para
calumniarlo, desacreditarlo y sentenciarlo a convertirse en “desecho de la
historia” producto (según no pocas mentes homicidas) de alguna bala o algún
recurso como los que, incluso por televisión, se le han vaticinado. Todo
queda en la impunidad. En sus intenciones más abyectas los manipuladores de
imágenes y sonidos (de imaginarios incluso magnicidas) ponen por “target” a
los jóvenes para corromperlos, desmoralizarlos y pervertirlos. Ya hay
videojuegos al respecto.
Podríamos formar un expediente del horror inmenso si juntásemos, sólo, en
una casuística latinoamericana todas las formas de agresión simbólica contra
Hugo Chávez que se publican a diario. Todas las risitas mañaneras de los
lebreles periodísticos, todas las noticias deformadas para exhibirlo como
“ineficiente”, “autoritario”, “dictador” y “comunista”. Todas las
fotografías, los “pies de fotos”, los videos y las pistas de sonido,
prefabricadas para que se vea lo “intransigente”, lo “antidemocrático”, lo
“amenazador” que es Chávez. Podemos estudiarlo y debemos denunciarlo, al los
cuatro vientos y a voz en cuello. Debemos ejercitar la denuncia y entrenar
la contraofensiva. Debemos cumplir nuestras tareas, por razón de justicia y
por el bien de todos... mientras echamos nuestras barbas a remojar porque
todos podemos ser la próxima víctima. Sonría nos están filmando.
Fernando Buen Abad Domínguez