Extranjerización y concentración de la tierra: “Patria”, según la oligarquía
 

La alianza oligarquía-capital concentrado trasnacional sigue en pié, y su cimiento, la tierra que dominan, es lo que para la Sociedad Rural significa “Patria”, una “Patria” que continúa expulsando a los pueblos originarios y edificándose sobre la explotación de los trabajadores rurales.
Últimamente no se escribe tanto sobre la extranjerización de tierras en Argentina. ¿Acaso se ha frenado la oferta? Con ese interrogante, hice el click en Internet y bastaron pocos segundos para comprobar que no sólo las ofertas de tierras argentinas se ofrecieron en avisos clasificados del The Financial Times de Inglaterra o en el The New York Time de los Estados Unidos, sino que esas ofertas dirigidas a capitalistas extranjeros pululan por el mundo de las computadoras con impunidad alarmante. Por ese mundo navegué antes de escribir este artículo, y lo que hallé es nada menos que territorio nacional por miles de hectáreas ofrecido a inversores extranjeros, tierras muchas de ellas ubicadas en zonas de seguridad.
Se entiende por zona de seguridad a una franja de 150 kilómetros de ancho alrededor de la frontera terrestre, especialmente en la región cordillerana, y de 50 kilómetros en las costas. Se trata de una extensión eventualmente involucrada en las tareas de la Defensa Nacional, o de otras con mayor concentración de recursos naturales estratégicos, tierras cultivables, minerales y agua dulce.
Explicado esto, he aquí algunos ejemplos que extraje de mi incursión por Internet de lo que se ofrece en venta al capital extranjero:

 

- 16.921 hectáreas en Esquel, sobre costas del río Chubut, de un lado, la Cordillera del otro, con valles y montañas, tres cascos de estancia y helipuerto.
- 3.231 hectáreas en islas de Ibicuy, Entre Ríos, fuente inmensa de aguas dulces en la Cuenca del Plata.
- 14.944 hectáreas en el Departamento Telsen de Chubut.
- 19.000 hectáreas en Sierra Grande, Río Negro.
- 20.502 hectáreas en Río Chico, Santa Cruz.
- 30.078 hectáreas en Punta de Agua, San Rafael, Mendoza.
- 25.870 hectáreas en San Carlos, Mendoza, al pié de la Cordillera y límites con Chile, costas en el río Diamante y ubicado sobre un acuífero.
- 6.500 hectáreas al borde del acuífero Tullún de San Juan.
- 400.000 hectáreas en Jáchal, San Juan, en proximidades del Valle de la Luna y con pista de aterrizaje.
- 7.940 hectáreas en Aguirre, Santiago del Estero, con 16 kilómetros de costa del río Salado.
- 69.999 hectáreas de montes en Cruz Grande, Santiago del Estero.
- 53.000 hectáreas en Jiménez, Santiago del Estero.
- 5.400 hectáreas de dos grandes islas sobre el Delta del Paraná en Esquina, Corrientes, etcétera.
Podría seguir citando casos, pero para muestra valgan estos botones, que no son simples potreritos para un veraneo, sino verdaderos latifundios con potencialidad estratégica y productiva.

Durmiendo con el enemigo

A ellos hay que agregar las tierras que nos han sido arrancadas, como las Islas Malvinas, y las que han sido adquiridas en los últimos años y que estarían acumulando alrededor de 270.000 kilómetros cuadrados, el 10% del territorio argentino. Entre esas posesiones, ubicadas dentro de la zona de seguridad, están las siguientes:
* Unas 70 explotaciones mineras, el 92% en manos de multinacionales, que contaminan y contaminarán, que convirtieron o convertirán en polvo kilómetros de montañas y mesetas, incluidas cavernas de Santa Cruz donde se hallan las muestras de arte rupestre de los primeros humanos del planeta.
* El mayor latifundio de la Argentina, el de los hermanos Carlo y Luciano Benetton, italianos, con un millón de hectáreas productivas en la Patagonia, tierras de las cuales fueron expulsados pueblos originarios mapuches.
* El estadounidense Douglas Tompkins, quien controla propiedades en Corrientes y en la Patagonia, desde la costa Atlántica hasta la Cordillera, incluida la naciente y desembocadura del caudaloso río Santa Cruz, siendo actualmente el más importante propietario de agua dulce en glaciares de zonas patagónicas y en esteros correntinos del Iberá.
* El inglés Charles Lewis, que es dueño de la mayor parte de El Bolsón y el Lago Escondido, en la frontera con Chile, denunciado reiteradamente por sus negocios pocos claros en complicidad con la intendencia de El Bolsón.
* El 7% de la provincia de Salta, que está bajo propiedad del grupo norteamericano AIG,
* El multimillonario Ted Turner, ex dueño de la cadena CNN, que compró 55 mil hectáreas en Neuquén y Tierra del Fuego.
* Una franja fronteriza con Chile, en la Cordillera, que pertenece al consorcio anglo-malayo Walbrook. Son 150.000 hectáreas en Malargüe y otras tantas en Valle Hermoso. En Mendoza ya había 800.000 hectáreas vendidas a extranjeros y otras 500.000 en venta según datos de 2005.
* Las propiedades de compañías extranjeras en Corrientes y Misiones sobre el Acuífero Guaraní y en la región de la Triple Frontera.
* En Catamarca, con 700 mil hectáreas, está el grupo GCN Combustibles SRL.
* En San Luis, un grupo italiano compró 40 mil hectáreas en la zona de Dique de las Carretas.
* En 1996, un grupo chileno desembarcó en la selva misionera y adquirió, junto con una importante empresa, 172 mil hectáreas de un ecosistema único en el mundo.
* En Entre Ríos, son 100 mil las hectáreas v0endidas a capitalistas foráneos.
* En Jujuy, Santiago del Estero,Tucumán y La Rioja sumaban 120.000 las hectáreas vendidas al extranjero durante el “Menemato”, a lo que deberá agregarse luego la instalación de las mineras.

La ley de los poderosos

Los operativos de venta son una burla al Decreto Ley 15.385/44 firmado durante el gobierno del general Edelmiro Farrel, con Juan Perón como vicepresidente, que declaraba de "conveniencia nacional que los bienes ubicados en zonas de seguridad pertenezcan a ciudadanos argentinos nativos".
En ese 1944, cuando se estableció la zona de seguridad, el Gobierno expropió numerosas propiedades extranjeras, justamente para preservar el territorio nacional y la integridad de la Argentina.
La Secretaría de Seguridad Interior (SSI) es a partir de 1996 la que debe dar la conformidad a las compras por extranjeros de tierras en la zona de seguridad. Carlos Saúl Menem colocó al frente de ese organismo en 1997 y 1998 al brigadier Andrés Antonietti y a Miguel Angel Toma. Fue precisamente en esos años que se verificó la mayor cantidad de autorizaciones a la radicación de sociedades extranjeras en las zonas de seguridad. Según el registro de la SSI, esas aprobaciones de venta comprendieron el paso a manos extranjeras de unas 8 millones de hectáreas.
En realidad, Argentina es uno de los países que menos protección ejercen sobre áreas que deberían estar protegidas, y esto se reconoce aún en ámbitos oficiales como la propia Secretaría de Ambiente y Medios Sustentables. Y menos control aún se ejerce sobre territorios comprados por extranjeros, donde pocos saben lo que allí se hace, vigilada esa área por guardias privadas armadas y sus propiedades rodeadas por altos alambrados y puertas cerradas con gruesos candados.
Obviamente, toda la legislación de tierras deberá ser revisada, y habrá que revertir la enajenación de territorios. Sin embargo, el Congreso de la Nación ha cajoneado varios proyectos de ley para poner límites o prohibir la adquisición de tierras por capitales extranjeros.
La extranjerización y la concentración de la tierra son dos patas de un mismo modelo, dos patas que han caminado juntas a través de muchos años de historia, se trata de un modelo de aniquilación y expulsión de pueblos originarios y de conquistas “al desierto”, que incluye un capítulo inaugural, el de la época de la lucha independentista, cuando hacendados terratenientes españoles y oligarcas criollos iban de la mano a favor de las fuerzas colonialistas. Y tiene hoy otro capitulo, el último, el de la sojización con el uso de 42.000 millones de metros cúbicos de agua dulce por año y el derrame de decenas de millones de litros de glifosato contaminando tierras y cuencas. Capital extranjero –colonialista o capitalista- y oligarquía ganadera o sojera han puesto juntos su sello durante largos períodos de nuestra historia sufriente.
Esta alianza sigue en pié, y su cimiento, la tierra que dominan, es lo que para la Sociedad Rural significa “Patria”, una “Patria” que expulsó y mató a los originarios de nuestra Nación y que se apoderó de sus tierras.
Las inmobiliarias que ofrecen tierras al capital extranjero dicen que su operatoria es “legal”. Sin embargo, decimos nosotros, podrá ser todo lo legal que se quiera, pero es inmoral. Deberían tomarse medidas para que esa inmoralidad también sea ilegal. Para eso, hay que concretar decisiones políticas, como lo hizo el presidente Fernando Lugo de Paraguay, quien dispuso que ningún extranjero pueda comprar tierras para la agricultura en el país, una medida destinada a frenar el proceso de extranjerización que creció con fuerza desde mediados de los años 60 y que involucró no sólo a Paraguay y Argentina, sino también a Chile, Uruguay y Brasil.
En síntesis, tenemos un UNASUR como expresión de soberanía y de dignidad frente al Imperio, pero salpicado de territorios controlados por intereses foráneos, y ahora, además, con siete bases norteamericanas en suelo colombiano que son verdaderos forúnculos purulentos que amenazan extender a todo el continente el concepto de “Patria” que tienen los oligarcas.

Arturo M. Lozza
ACTA

 

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